viernes, 15 de septiembre de 2017

Septiembre







Aún le quedan atardeceres a septiembre, de esos en los que el sol se hace plata para jugar con el mar, y la luz se percibe diferente, suave, nueva...

Y sonrío al imaginarnos como entonces, y nos descubro soñando, sin miedo a lanzarnos al camino.

Aún te esperan mis besos a la vuelta de la esquina.

Aún te siento y me sientes.

Aún te quiero.

viernes, 15 de abril de 2016

Te espero



Deja
que te cuente mis sueños,
siente 
que los días son cielos
para volar en ellos.

Piensa 
un hoy nuestro,
unas alas
que nos eleven del suelo...
respiremos suave y lento.

Quiero
descubrirte por dentro,
susurrarte unos versos,
encontrar esa flor que habita
tras la coraza de tus miedos.

Y embriagarme de ti.

Mi primavera escondida,
mi anhelo...

Quédate a vivir en mí.
Te espero


martes, 5 de abril de 2016

Playa








Aquí estás, de nuevo, meciéndote al son de sus mareas y su brisa, eterna compañera de ese mar que te besa la orilla y se marcha… para luego volver. Intrépidas, las gaviotas quisieron ser las primeras y, a paso suave, dejaron su efímera huella sobre tu piel. Mi mirada, que quiere jugar a descubrirte  más allá de ese azul plata que te baña, se deja sorprender y se entrega a ese vaivén de olas que envuelven tu susurro en salitre y caracolas. Qué fácil me resulta pensar aquí… 

Imposible no echarte de menos . Por eso vuelvo a tu encuentro, como lo hice ayer. Me invitas a sentirte para sentirme, a respirar tu vida empapándome de luz.  Y yo, agradecida, me entrego sin reservas a esta fiesta de aromas, color y sabores. Sol, arena, sal... gotas de felicidad, sed de sueños, sueños de vida. 




No imagino un lugar que no sea este, no me arropa un abrazo que no sea el tuyo, es tu calma la que me  sana las cicatrices del alma… 

                              Y mis sueños …  
                                              en ti enredados, 
                                                             empujando por hacerse vida.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Mine Kawakami

 

        Siempre me ha parecido que los cambios de estación tienen algo de torbellino que todo lo trastoca. Tal vez porque en ellos conviven despedida y recibimiento, son la mejor excusa para mirar con otros ojos lo vivido y dejar que los días se vistan con la ilusión de los nuevos propósitos.

      Envuelta en esta atmósfera, hoy me levanté decidida a organizar papeles en casa. Vaciar cajones, agrupar por materias, sopesar lo que se puede destruir…En esas estaba cuando apareció entre mis manos un folleto de hace unos años en el que se anunciaba el concierto en Las Cocheras del Puerto de la pianista y compositora japonesa  Mine Kawakami.






       “La pianista del alma” _ leí, y recuerdo que esta frase me bastó entonces para desear estar allí aquella tarde. A un golpe de clic, Youtube  me permitió un primer contacto con su música y no tuve dudas: su sensibilidad auguraba un espectáculo delicioso.

       Ahora sé lo certera que fue esa primera intuición.  Mine nos propuso un viaje por los lugares donde ha vivido –su Japón natal, Córdoba, Cuba- , pero también  por las  sensaciones que  experimentó  durante el Camino de Santiago, al caer una tormenta, o recordando los sonidos de los bosques que atravesaba de pequeña camino de la escuela. Más allá de su indiscutible virtuosismo, sus manos al piano supieron “pintar” esas sensaciones,  y con su palabra nos transmitió su cercanía y discreto sentido del humor.

       De su voz oímos el relato de su propia evolución artística y personal, lo  importante que para ella fue aquel viaje a Cuba que le cambió la vida, ese que la empapó del particular modo de vivir y sentir la música que tiene el pueblo cubano. Ese viaje marcaría un antes y un después en su trayectoria profesional,  abandonando entonces el repertorio de piezas de los grandes clásicos  con el que llevaba cómoda bastantes años y -en un interesante ejercicio de búsqueda interior-  dando el salto a la composición.




      En cierto momento del espectáculo, con esa manera tan suya de relatar lo vivido, Mine nos deleita salpicando su discurso con  una magistral “cubanización” de una pieza de Beethoven… Palabra y música, en una peculiar comunión, consiguiendo sorprendernos y mostrándonos otra manera de hacer las cosas. Y es entonces cuando la noche se convierte en inolvidable, pues ya no se trata solo de lo que la música me hace sentir, sino de lo que esta “pianista del alma” tan sutilmente me susurra:

         “Nunca pienses que es tarde para ser lo que quieres ser”. 

                                                  Gracias Mine.